Asesinatos de jóvenes son sistemáticos y planificados en América Latina

“Juvenicidio”, que no es otra cosa que las múltiples y diversas formas de atentar contra la vida de los jóvenes, como son: su eliminación brutal y física, la precariedad laboral y estigmatización, así como ignorarlos, invisibilizarlos y hasta evitar la práctica libre de sus expresiones.

Académicos, medios de comunicación y gestores de políticas públicas relacionados con la juventud en América Latina deben poner a circular la palabra “juvenicidio”, que no es otra cosa que las múltiples y diversas formas de atentar contra la vida de los jóvenes, como son: su eliminación brutal y física, la precariedad laboral y estigmatización, así como ignorarlos, invisibilizarlos y hasta evitar la práctica libre de sus expresiones.

Ésta fue la invitación que hizo el experto en políticas y programas de juventud, Germán Muñoz González, de la Universidad de Manizales, Colombia, quien dictó la conferencia vía Skype “Formas de acción colectiva para hacer resistencia al ‘juvenicidio’ en Colombia”, en el marco del VI Seminario Internacional sobre Estudios de Juventud en América Latina “Diálogos y travesías”, de la que fue sede la Facultad de Ciencias de la Educación en días pasados.

Germán Muñoz habló de formas de acción colectiva, tema de investigación que a lo largo de tres años ha desarrollado para responder la pregunta “¿de qué mueren los jóvenes en Colombia y cómo resisten el ‘juvenicidio’ mediante formas de acción colectiva?”.

El doctor en ciencias sociales, niñez y juventud, dijo que “juvenicidio” se entiende como las formas múltiples y diversas de atentar contra la vida de los jóvenes, que no son exclusivas de Colombia y que han sido y son prácticas socialmente aceptadas.

Esta eliminación física y brutal de los jóvenes, dijo Muñoz González, tales como atentados a su vida digna, la forma en cómo a través de los medios de comunicación los representan y señalan como peligrosos o como sujetos que ponen en riesgo a la sociedad, permitió que en Colombia (entre 2001 al 2010) ocurrieran cerca de cinco mil 700 asesinatos sistemáticos por parte del Ejército Nacional, que fueron llamados falsos positivos.

Las cifras que dio sobre las muertes violentas en Colombia entre 1948 y 2012 suman 220 mil jóvenes y tienen su origen en el conflicto armado: “De esta cifra, el 80 por ciento han sido civiles inermes”, aclaró.

Aclaró que “juvenicidio” no es sinónimo de asesinato, pero que han sido acciones siempre atroces, acompañadas de desapariciones forzadas y formas de tortura: “En todos los países de América Latina existe una larga lista sistemática de jóvenes, que no casual ni accidental, ya que se trata de asesinatos sistemáticos y planificados”, aseguró.

Sobre México, dijo que junto a Brasil y Colombia, “las cifras son escandalosas y más de una vez han coincidido con dictaduras que han hecho de los asesinatos el pan de cada día. Pero no se habla de ellos porque han producido indiferencia entre el resto de la población. Son invisibles, son parte del paisaje”.

Muñoz González y su equipo han trabajado en casos que ilustran su propuesta de investigación. En Bogotá, con Hijos e hijas por la Identidad de la Justicia contra el Olvido del Silencio (H.I.J.O.S.), una organización internacional de hijos de la guerra; otro grupo en Medellín, con el colectivo “Ser joven en paisajes de guerra”, y en Cali, con el grupo de H.D.L.C. Hip Hop – Hijos de la Calle.

Dijo que buscan entender mejor las modalidades del “juvenicidio” en el contexto del conflicto armado, comprender algunas formas de acción colectiva mediante algunos jóvenes que lo resisten en Colombia y reconfigurar el sentido de la resistencia: “Han creado formas de supervivencia, de lucha en medio de la guerra no declarada para enfrentar los atentados contra la vida digna”, afirmó.

Por último, dijo que en trabajos como “Robándole tiempo a la muerte”, del grupo “Jóvenes, culturas y poderes”, se encuentran voces de los jóvenes, trayectorias de vida de quienes no pudieron ser o dejaron huellas en el espacio público: “En ese estudio, hay largas conversaciones con los colectivos que sugieren pensar de otro modo”, concluyó.