*“Dentro de las casas de estudio, nuestro trabajo tiene que ver con analizar lo que nos
ocurre, cuestionarnos, hacer preguntas, mirar todos los ángulos, no dar por hecho nada
sino explicar y encontrar diferentes sentidos”: Antar Martínez.
Esta semana, varias expertas y un experto participaron en el panel “El papel de las
masculinidades para la igualdad de género en las universidades”, que se desarrolló ante un
numeroso grupo de estudiantes de Telemática, Psicología y Trabajo Social reunidos en el
auditorio de la Facultad de Psicología del campus central.
El tema predominante en las participaciones fue la violencia. Coincidieron en la
idea de que las personas, todas, deben reflexionar y tomar conciencia de cómo obtienen
algo que desean y por qué a veces emplean la violencia para conseguirlo.
Mónica González Torres, directora de la Unidad para la atención integral a la
discriminación y violencia de género de la Universidad de Colima, propuso detectar, desde
el noviazgo o en cualquier relación interpersonal, cómo se ejerce el poder, si se respeta
cuando una persona dice que no y por qué.
“Cuando escuchamos a personas decir con firmeza: ‘Yo soy así, toda la vida he sido
así y por eso he logrado lo que tengo’, se trata de un pensamiento que se debe replantear,
reflexionar y definitivamente cambiar, porque aquí hay una resistencia al cambio”.
Explicó que, en los casos de divorcios, pensión alimenticia, custodias y
convivencias, “pensamos que es un juez o jueza quien tiene que resolver. Pero al plantear
que los acuerdos se hagan mediante el diálogo, observamos que hay una resistencia
mayoritariamente de los hombres a entablar un diálogo, porque ellos no reconocen lo que
plantea la otra parte, aunque sí reconocen y dan valor a la autoridad”.
Para ella, una forma de violencia actual son las expresiones: “a estas generaciones
de cristal y copo de nieve no se les puedes decir nada porque se rompen”, ya que son dichas
desde una visión androcéntrica, de adulto, de yo tengo la razón.
“Son etiquetas bastantes violentas para llamar a una generación de jóvenes que ha
cuestionado, replanteado y puesto sobre la mesa situaciones que hemos experimentado
otras generaciones en el pasado. Todos estos jóvenes cuestionan de manera muy crítica lo
que no es posible que esté sucediendo a estas alturas y plantean formas de hacia dónde
debemos caminar”, concluyó.
Mayra González Flores, directora del Centro Universitario para la Igualdad de los
Estudios de Género (CUpIEG) invitó al auditorio a pensar en cómo resolvemos una
situación o problema que nos aqueja. “¿Buscamos el diálogo, propiciamos alguna situación
que a largo o mediano plazo genere una escalada de violencia o buscamos a personas que
intercedan para tener un diálogo?”
Para ella, el principal reto a resolver es la apatía, “en éste y otros temas que
terminan generando situaciones de individualismo que no nos permiten percibir cuánto nos
afectan todos los problemas de discriminación o violencia”.
El gran reto, planteó, es generar una visión más colectiva y amplia donde cada quien
pueda identificar cuál es su parte de responsabilidad en la problemática y se cuestione
desde dónde está viendo el problema.
Antar Martínez Guzmán, profesor de la Facultad de Psicología y líder del Programa
de Reflexión de las Masculinidades para la Igualdad de Género, dijo que es posible, desde
la universidad, contribuir al replanteamiento de las masculinidades, “porque las
universidades son parte de la sociedad y lo que se da en la sociedad, también lo
encontramos en estas instituciones”.
Los sociólogos, comentó, “dicen que la universidad ayuda a replicar formas de
poder que están en la sociedad a través de sus conocimientos androcéntricos y sexistas, que
se han replicado en aulas como si fueran la última verdad”.
De acuerdo con él, en nuestras culturas la violencia se atribuye mayoritariamente a
las figuras masculinas. “Eso no es algo natural ni tiene que ver con el cuerpo, sino con
prácticas atribuidas histórica y sistemáticamente a ciertos grupos”.
Dijo que, dentro de la universidad, en general, existe el problema de que se habla de
superioridad de unas personas sobre otras, de perfiles grupales que tienen mayor coeficiente
intelectual y el propio conocimiento muchas veces replica prejuicios y estereotipos
presentes en la sociedad.
Sin embargo, Martínez Guzmán señaló que “una fortaleza es que la universidad, a
diferencia de otras instituciones sociales, tiene el propósito de estudiar y analizar la verdad.
Dentro de las casas de estudio, nuestro trabajo tiene que ver con analizar lo que nos ocurre,
cuestionarnos, hacer preguntas, mirar todos los ángulos, no dar por hecho nada sino
explicar y encontrar diferentes sentidos”.
Ésta es, resaltó, “la fortaleza de la Universidad de Colima en estos momentos, que
se piensa a sí misma y ayuda a la sociedad a pensarse con estas actividades, charlas,
paneles, comités, protocolos. Nuestro papel es justamente el de detenernos a observar,
desnaturalizar, cuestionar esas lógicas que vienen organizando el mundo social”.
La directora de la Facultad de Psicología e integrante del Comité de Ética para la
Atención a la Discriminación de Violencia de Género, Nancy Elizabeth Molina Rodríguez,
dijo por su parte que “un reto es cambiar lo que creemos o no que es la violencia, porque
todavía nos enfrentamos al llamado techo de cristal y al piso pegajoso y otras cuestiones
que no dejan avanzar a las mujeres, por estas prácticas sistemáticas de exclusión que se dan
en las instituciones”.
La Universidad de Colima, dijo, “aún tiene este tipo de prácticas, porque fue erigida
desde una visión androcéntrica, una visión de hombres y para hombres, donde no estaban
incluidas las mujeres”.
Ahora, concluyó, “el gran reto para nosotras y nosotros es transformar nuestra
práctica y nuestra forma de ver el mundo, desde una visión binaria, jerárquica, excluyente y
clasista, hacia todo lo contrario. Apostar por una práctica pedagógica y libertaria, como
decía Paulo Freire”.