*Se trata de un equipo científico integrado por estudiantes y un investigador de la
Universidad de Colima y por el encargado del Centro de Hemodiálisis de Colima. Más que

lo que se come -descubrieron- es más importante la cantidad.
Daniela Ríos-Ríos, María Fernanda García Cruz, estudiantes del doctorado en
Ciencias Médicas de la Universidad de Colima y el Dr. Miguel Huerta viera, investigador
del Centro Universitario de Investigaciones Biomédicas (CUIB), trabajan de la mano con el
Centro de Hemodiálisis de Colima, con el objetivo de saber si la alimentación que llevan
los pacientes de este lugar está relacionada con el desempeño cognitivo; es decir, si no se
ven afectadas funciones como la memoria, el lenguaje, entre otras.
Recientemente, el grupo de investigación multidisciplinario publicó el artículo
“Correlation of Nutritional Risk Indicators and Cognitive Function on Mexican
Hemodialysis Patients: Cross-Sectional Study” (“Correlación entre indicadores de riesgo
nutricional y la función cognitiva en pacientes mexicanos en hemodiálisis: estudio
transversal”), en el que encontraron que, si bien no existe asociación entre el estado
cognitivo y el estado nutricional, “sí hubo una correlación positiva entre la albúmina y los
linfocitos con algunos dominios de la función cognitiva, especialmente en pacientes con
riesgo nutricional”.
Estudio
Las nutriólogas aplicaron una serie de cuestionarios a pacientes con falla renal, con
el objetivo de conocer tanto el estado nutricional como el cognitivo. Esto permite medir
procesos mentales como procesar, almacenar, elaborar y recuperar información, ya que si el
paciente presenta deterioro cognitivo puede afectar su día a día y su adherencia al
tratamiento, como olvidar tomar sus medicamentos, indicaciones del médico o del
nutriólogo.
Para ello utilizaron la escala de Control Nutricional (CONUT), que mide la cantidad
de albúmina, colesterol y linfocitos, para medir el riesgo nutricional. Por ejemplo, explicó
María Fernanda García, “si la albúmina es muy baja nos puede decir varias cosas, entre
ellas desnutrición, y nos permite saber si el paciente está en riesgo o no”.
La evaluación del estado cognitivo se realizó mediante la escala NEUROPSI, la cual
permite valorar funciones como la orientación, atención y concentración, memoria,
lenguaje y funciones ejecutivas, incluyendo la organización y la resolución de problemas.
Esta herramienta considera variables como la edad y el nivel de escolaridad del paciente
para una interpretación adecuada. Además, se aplicaron dos escalas complementarias: el

PHQ-9, para la detección de síntomas depresivos, y la escala de Barthel, que mide la
capacidad de una persona para realizar de manera autónoma actividades básicas de la vida
diaria.
Respecto a los resultados de este estudio, Daniela Ríos compartió que “el 58.7% de
los pacientes presentó deterioro cognitivo y el dominio de memoria fue el más afectado, y
el 14.3% tuvo un riesgo nutricional. Los demás no, y más de la mitad de los pacientes sí
tuvieron un deterioro cognitivo. También encontraron que los y las pacientes que tenían
más albúmina presentaban mejores resultados en las pruebas cognitivas, esto quiere decir
que posiblemente la albúmina nos pueda servir de marcador neurocognitivo”.
¿Qué papel juega la albúmina en esta enfermedad?
La albúmina, explicó Luis Antonio Bermúdez Aceves, encargado del Centro de
Hemodiálisis de Colima, es una proteína que se produce en el hígado y la sangre, y ayuda a
transportar ciertas sustancias que ayudan en la función hepática y renal. “Lo que la hace
esencial en el ser humano. Habitualmente, el ser humano tiene de 3.5 a 4 gramos por
decilitro de sangre, pero una persona que se daña el riñón tira proteínas y baja el nivel de
albúmina, llega a bajar hasta 2 o 1 gramos por decilitro y esto empuja a la muerte de los
pacientes, por eso es importante la alimentación”.
Generalmente, dijo, al paciente enfermo del riñón se le manejan dietas de tipo
restrictivo; es decir, no pueden excederse de sal, no pueden tomar agua en exceso, “pero la
investigación que estamos haciendo nos ha permitido ver que lo importante no es lo que
comen, sino la cantidad de lo que comen, y estamos viendo una mejor recuperación”.
Estos resultados, de acuerdo con las jóvenes investigadoras, permiten hacer dos
observaciones: los pacientes con fallo renal tienen mejores resultados si consumen todos los
alimentos, pero sin excederse; es decir, si comen porciones adecuadas. “El paciente mejor
nutrido es el paciente que vive”, comentó. La segunda observación es que, al mejorar la
alimentación, mejoran los marcadores de albúmina, esto se refleja en que una persona esté
mejor mentalmente.
Alimentación, clave para la recuperación del paciente
El trabajo multidisciplinario entre investigadores, estudiantes de la Universidad de
Colima y el Centro de Hemodiálisis de Colima ha contribuido a mejorar las condiciones de
los pacientes, señaló Bermúdez Aceves. “En el Centro -explicó-, un equipo especializado
evalúa de manera individual a cada paciente, analizando los pliegues cutáneos y los valores
bioquímicos -particularmente los niveles sanguíneos y de albúmina-. Con base en estos
resultados, y en colaboración con las nutriólogas de la Universidad, se brinda orientación
personalizada sobre la dieta que deben seguir”.
Para las estudiantes, uno de los principales retos fue lograr que los pacientes
siguieran el plan alimenticio, ya que existía la idea de que se les prohibirían ciertos
alimentos, e incluso sentían temor al consumirlos. “Nuestro trabajo -comentó Brenda Ríos-
consistió en cambiar esas creencias. Incluso nosotras también aprendimos junto a ellos,

porque fue necesario involucrar a sus familias para que entendieran que esta enfermedad
puede prevenirse y que todo depende de los hábitos que adopten”.
Como nutriólogas, comentó María Fernanda, “teníamos que ver no sólo su situación
de salud, sino también económica, porque no todos podemos tener al alcance todos los
alimentos; entonces tenemos que ver su contexto, y se les educa para que dentro de lo que
tienen, elijan su mejor opción”.
El aporte del equipo de trabajo de la Universidad, dijo el encargado del Centro de
Hemodiálisis, fue sumamente importante, “porque de otra manera no tendríamos los
resultados que hoy tenemos, porque había personas que no mejoraban, a pesar de llevar un
tratamiento”. De hecho, compartió que hoy en día las personas enfermas del riñón que
asisten a este Centro han participado en carreras y en juegos tradicionales, entre otras
actividades recreativas.
Este proyecto aún no termina. Las nutriólogas continúan trabajando con pacientes
en hemodiálisis. Además, el investigador Miguel Huerta, de manera paralela, realiza un
análisis sobre la mielina, una especie de capa que protege a los nervios. “Es secretada por el
páncreas, junto con la insulina. Su función todavía no queda muy clara, pero sí se sabe que
retrasa el vaciamiento gástrico. Hace muchas cosas, pero todavía no se sabe qué,
exactamente, en pacientes con fallo renal”.
Vea el texto completo en: https://www.jrnjournal.org/article/S1051-2276(25)00089-
5/abstract

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