*La conferencia del cardiólogo Octavio Salazar es parte de las charlas organizadas por la
Coordinación General de Investigación Científica de la Universidad de Colima y la
Asociación de Jubilados y pensionados de esta casa de estudios.
Las enfermedades del corazón se mantienen como la principal causa de muerte en
México, y una proporción importante corresponde a padecimientos isquémicos asociados
con la reducción o interrupción del flujo sanguíneo al músculo cardiaco. Pero ¿qué origina
estos padecimientos? ¿Cómo identificarlos? Octavio Salazar Delgado, cardiólogo, impartió
esta semana la conferencia “Código infarto: cómo actuar y salvar una vida”, como parte de
las charlas organizadas por la Coordinación General de Investigación Científica de la
Universidad de Colima y la Asociación de Jubilados y Pensionados de esta casa de
estudios.
De acuerdo con Octavio Salazar, este padecimiento se relaciona con la
aterosclerosis, proceso en el que se acumulan placas dentro de las arterias, lo que puede
estrecharlas y disminuir el flujo sanguíneo. Estas placas no están compuestas únicamente
por colesterol, sino también por grasas, células inflamatorias, tejido fibroso y, en etapas
avanzadas, calcio.
“Las arterias están presentes en todo el organismo y llevan sangre al corazón, el
cerebro, los brazos, las piernas y los intestinos. Su pared está formada por tres capas; en
una arteria sana no existen lesiones significativas, pero con el paso del tiempo y la
presencia de factores de riesgo pueden desarrollarse placas en su capa interna”, explicó.
Agregó que el avance de la aterosclerosis está asociado con factores de riesgo
modificables, como el tabaquismo, los niveles elevados de colesterol LDL, la hipertensión
arterial, la diabetes, el sedentarismo, la obesidad y una alimentación rica en grasas
saturadas y trans. La edad y los antecedentes familiares también incrementan el riesgo,
aunque no pueden modificarse. La depresión, por su parte, se ha relacionado con un mayor
riesgo cardiovascular, pero no es una causa directa del crecimiento de la placa.
“Con el tiempo, la placa puede aumentar de tamaño, estrechar la arteria y reducir el
paso de la sangre. La aterosclerosis puede afectar distintas arterias del organismo, entre
ellas las que llevan sangre al corazón, el cerebro y las extremidades. En este caso nos
centraremos en las arterias coronarias, cuya afectación puede manifestarse como angina de
pecho o, en situaciones agudas, como un infarto”, explicó.
El cardiólogo señaló que una placa aterosclerótica puede permanecer durante años
sin ocasionar síntomas. Sin embargo, esto no significa que la acumulación de placa sea

ajena al infarto: el problema agudo suele presentarse cuando una placa se rompe o erosiona
y favorece la formación de un coágulo. Si este bloquea total o parcialmente una arteria
coronaria y reduce de manera crítica el suministro de sangre y oxígeno al músculo cardiaco,
puede provocar un infarto.
Síntomas
Para el especialista, es importante reconocer que las manifestaciones de un infarto
pueden confundirse con las de otros problemas, como ansiedad, reflujo o dolor muscular.
Sin embargo, ante la sospecha no se debe intentar determinar la causa en casa, sino solicitar
atención médica inmediata. “También debemos aclarar que un paro cardiaco no es lo
mismo que un infarto. En el paro cardiaco, el corazón deja súbitamente de bombear sangre
de manera efectiva; en el infarto, el flujo sanguíneo hacia una parte del músculo cardiaco
disminuye gravemente o se interrumpe por la obstrucción de una arteria coronaria”.
Entre las manifestaciones más frecuentes se encuentran dolor, presión, opresión o
malestar en el centro del pecho, que puede extenderse a uno o ambos brazos, hombros,
cuello, mandíbula, espalda o región entre los omóplatos. También pueden presentarse
dificultad para respirar, sudor frío, náuseas, vómito, mareo o debilidad inusual. Los
síntomas no son iguales en todas las personas y, en algunos casos -particularmente en
mujeres, personas mayores y pacientes con diabetes-, pueden ser menos evidentes.
“Si una persona presenta estos síntomas, es fundamental llamar de inmediato al 911
e informar con la mayor precisión posible a qué hora comenzaron. Cada minuto cuenta:
mientras más pronto se restablezca el flujo sanguíneo, menor será el daño al músculo
cardiaco”, señaló.
Dependiendo del tipo de infarto, del tiempo transcurrido y de la valoración médica,
el tratamiento puede incluir medicamentos para disolver el coágulo o una intervención
coronaria para abrir la arteria, generalmente mediante la colocación de un stent, una
pequeña malla tubular que mantiene abierta la arteria obstruida y restablece el flujo de
sangre hacia el corazón.
Salazar Delgado dijo que proporcionar información clara al personal de emergencias
y al equipo médico favorece una atención oportuna y, cuando corresponde, la activación de
protocolos hospitalarios como Código Infarto, protocolo que coordina los servicios de
urgencias y las unidades hospitalarias para diagnosticar y tratar con rapidez a pacientes con
sospecha de infarto agudo de miocardio.
Una vez estabilizada la persona, el tratamiento y el seguimiento buscan prevenir un
nuevo episodio. Según las condiciones de cada paciente, pueden indicarse medicamentos de
uso prolongado, rehabilitación cardiaca, actividad física supervisada, una alimentación
saludable, abandono del tabaco y control estricto del colesterol -en particular del colesterol
LDL-, la presión arterial y la glucosa.
Datos importantes

“La ubicación de la obstrucción, su extensión y el tiempo que permanezca
interrumpido el flujo sanguíneo determinan qué parte del corazón resulta afectada y la
gravedad del infarto. Cuando una arteria coronaria deja de llevar sangre y oxígeno a una
zona del músculo cardiaco, las células comienzan a sufrir daños y, si la circulación no se
restablece rápidamente, parte del tejido puede morir. El músculo dañado tiene una
capacidad muy limitada para regenerarse y suele ser sustituido por tejido cicatricial. Por
eso, si la obstrucción afecta una arteria que irriga una porción amplia del corazón, las
consecuencias pueden ser más graves”.
Después de colocar un stent, dijo, es indispensable seguir el tratamiento indicado
por el especialista. Por lo general, se prescriben medicamentos antiplaquetarios para evitar
la formación de coágulos dentro del dispositivo; con frecuencia se utiliza aspirina junto con
otro fármaco durante un periodo determinado, de acuerdo con las condiciones y el riesgo de
sangrado de cada paciente. “Estos medicamentos no deben suspenderse sin indicación
médica. Además, es necesario mantener bajo control el colesterol LDL y los demás factores
de riesgo, porque la aterosclerosis puede avanzar en otros segmentos de las arterias
coronarias y ocasionar nuevas obstrucciones”, finalizó.

Por Noticias

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