*En el caso de Colima, se han reportado más de 300 casos acumulados y hasta el 27 de
julio se tenían 58 casos activos.
El gusano barrenador es una plaga reemergente que México había logrado erradicar
oficialmente en 1991, después de 18 años de esfuerzos. Sin embargo, 33 años después, en
noviembre de 2024, se documentó nuevamente un caso en una persona de sexo femenino
en Chiapas, lo que marcó el regreso de esta plaga al país.
De acuerdo con los reportes epidemiológicos, en Colima han ocurrido cerca de 300
casos, de los cuales 58 permanecen activos. Podrían ser más, debido a que muchos
ganaderos no reportan sus casos por miedo a que pongan sus animales en cuarentena.
Daniel Figueroa Chávez, investigador de la Facultad de Veterinaria y Zootecnia de la
Universidad de Colima, dice que Ixtlahuacán y Minatitlán tienen el mayor número de casos
reportados.
Pérdidas económicas y miedo a reportar
Muchas veces, explicó el investigador universitario, no se reportan los casos por
temor a que el ganado sea puesto en cuarentena. Sin embargo, aclaró que esta enfermedad
no es motivo para cuarentenar a los animales; por lo contrario, deben atenderse y curarse en
cuanto se detecta el problema; de no hacerlo, los animales podrían adquirir otras
enfermedades “debido a que el gusano barrenador se alimenta de la carne, dejando una
herida abierta y expuesta”.
La situación, dijo Figueroa Chávez, representa un problema económico importante
para los productores ganaderos, ya que no sólo se trata de la muerte de los animales, sino
del alto costo de los tratamientos, medicamentos y la atención veterinaria que requieren los
casos complicados.
Por ejemplo, la pérdida de un animal adulto puede representar para el ganadero
entre 25 mil y 35 mil pesos. Pero la muerte de un becerro, dijo, tiene un impacto todavía
mayor a largo plazo, significa perder prácticamente tres años de producción de esa vaca.
¿Por qué? “Si la vaca perdió al becerro, tiene que esperar nueve meses para una
nueva gestación y tener otro becerro. Perderá otros siete u ocho meses más en lo que el
becerro crece y puede destetarse, y hasta entonces el ganadero estará en posibilidad de
cosechar algo de esa vaca”.
Si esa vaca sufre de infestación, continuó, mientras se recupera estará demandando
alimentos, fármacos insecticidas, antibióticos y atención diaria. “A eso súmale que muchas
veces llaman al veterinario cuando el caso ya se complicó, ya le pusieron aceite quemado,
cloro o cosas que no son adecuadas para la atención de la enfermedad, y eso agrava la
situación del animal y hace más costosa su recuperación, porque el tiempo de recuperación
se retrasa significativamente; además, los productos veterinarios no son baratos”.
Por ello, reiteró el llamado a los ganaderos a reportar los casos y estar al pendiente
de los animales, pues una herida basta para generar problemas económicos. Es importante,
dijo el investigador, enfatizar que, aunque esta enfermedad no se transmite de un animal a
animal, no los mata y no es necesario ponerlos en cuarentena. “Es responsabilidad de los
ganaderos o dueños de animales domésticos la vigilancia y detección de esta plaga”.
Estadísticas: hay más casos de los que se reportan
De acuerdo con Daniel Figueroa, el ganado bovino es la especie más afectada por la
plaga del gusano barrenador. De mil 800 casos reportados, cerca de la mitad corresponden a
esta especie. Esto se debe principalmente “a que tienen un contacto más constante con
alambres de púas, lesiones durante el parto, descorne, herraje y picaduras de insectos. Los
becerros recién nacidos también son especialmente vulnerables, porque su ombligo queda
expuesto y puede constituir una puerta de entrada para la mosca”.
Los perros ocupan el segundo lugar entre las especies afectadas, seguidos de cerdos
y caballos. En cabras y ovejas la prevalencia ha sido menor. En cuanto a la fauna silvestre,
añadió, los casos registrados son pocos, “aunque esto podría deberse a que existe menor
vigilancia sobre estos animales o a que algunas especies poseen cierto grado de tolerancia”.
En el caso de Colima, se han reportado más de 300 casos acumulados y hasta el 27
de julio se tenían 58 casos activos. “Los casos acumulados son aquellos que se reportaron
como positivos en laboratorio, ya remitieron y los animales sanaron. Mientras, los casos
activos son gusaneras activas en este momento”.
Y aunque las estadísticas son importantes, es necesario considerar que hay casos
que no se reportan. “Aparte de ser docente y profesor investigador asociado en la Facultad
de Medicina Veterinaria hago clínica de campo por las tardes. En Armería, por ejemplo,
reportan un caso activo, pero yo he atendido más de 15 solo en ese municipio. Son casos
que afortunadamente remitieron y podrían contarse como acumulados”.
Hasta la semana epidemiológica número 29, se registraron en Ixtlahuacán 16 casos
activos, 15 en Minatitlán, 9 en Manzanillo, 6 en Villa de Álvarez y 5 en Colima, mientras
que Armería y Cuauhtémoc reportaron un caso cada uno. “Hasta el momento, en el estado
se han registrado principalmente casos en bovinos y algunos en cabras, cerdos, equinos”
Actualmente el gusano barrenador, dijo el académico, “representa una situación
grave para México y Colima, principalmente por sus repercusiones económicas y porque
pone en riesgo a prácticamente todos los animales de interés para el ser humano. Hay que
recordar que esta enfermedad es una zoonosis, es decir, afecta tanto a los animales como a
humanos”.
Los costos, comentó, no se limitan al tratamiento y la atención veterinaria, sino que
también afectan la movilización y el comercio de animales, ya que es necesario contar con
certificados que acrediten que los ejemplares están libres de la plaga, en Colima. Aunque
son pocos los médicos veterinarios acreditados para certificar la movilización de animales
libres de gusano barrenador, trabajan de manera coordinada para certificar a los animales.
Informó que la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia, la Asociación de
Egresados de la FMVZ, la FEUC, el Colegio de Médicos Veterinarios, el Gobierno del
Estado, la Secretaría de Desarrollo Rural (SADER) y el Comité de Fomento y Protección
Pecuaria, coordinados por el SENASICA y su coordinador regional, Roberto Farías, junto
con otros organismos, mantienen una estrecha colaboración para dar seguimiento a los
casos, generar estadísticas, atender la emergencia y contribuir a que disminuya el impacto
de la plaga.
Finalmente, dijo que el gremio veterinario de Colima busca acercarse directamente a
los ganaderos mediante pláticas y capacitación, con el objetivo de explicar las medidas que
deben tomar, de aclarar las repercusiones sobre la tenencia y movilización de ganado y,
sobre todo, de reducir el temor a solicitar ayuda o reportar casos.